miércoles, abril 05, 2006

ciertos sabores de la memoria

de un querido poeta chino del s. VII

A los gorriones del campo

No vuelen
al lado de los guardarríos de Yenzhou
para no caer con ellos en la red;
ni se posen
junto a las golondrinas del Palacio Wu,
pues
si éste se incendia, se reducirán sus nidos a cenizas.
Vuelen
por encima de los cañaverales, en soledad.
Y así
ni las águilas ni los halcones podrán alcanzarlos.
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Los ánsares se llevan nuestras melancolías,
y los montes nos ofrecen una luna alegre.
Nos sentamos a beber junto a las nubes,
alzando nuestras copas
por encima de un mundo de angustias.
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Todo eso fue y no es, todo llega a su término.

Los hechos y los hombres viajan hacia el morir,
como pasan las aguas del Río Azul a perderse en el mar.

Fugitivo relámpago es la vida,
que apenas si da tiempo a sentir su pasar.
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. y todo aquello que resumo en

... yo en mi pobre mesilla
quiero más una morcilla
que en el asador reviente,

yo conchas y caracoles
entre la menuda arena, escuchando a Filomena
sobre el chopo de la fuente,

sea mi Tisbe un pastel,
la espada sea mi diente,