martes, marzo 21, 2006

Me escribe Jorge León:

He entrado en una fase que considero terminal porque a la pentaplejia irreversible se ha añadido la cronicidad de las infecciones frente a una tolerancia cada vez menor a los antibióticos, lo que me provoca indeseables sufrimientos físicos y psíquicos. Y todo ello en un contexto asistencial que se ha hecho insostenible.
Ante la perspectiva de acabar en breve en una residencia abandonándome a una muerte miserable lanzo el siguiente mensaje por si el azar por una vez se torna generoso.

Quiero decíirlo ya claramente y recabar, si fuera buenamente posible y con todas las precauciones necesarias, ayuda directa, indirecta, contactos, ... ; quiero también que quede constancia de ello a efectos legales: seguir en este estado para mi tan penoso y sin otras perspectivas que ir empeorando, no tiene sentido: esto hay que irlo acabando ya y con cierta urgencia.
Necesito la mano que sostiene el vaso, la mano habil que supla mi mano inutil, una mano que actue según mi voluntad aún libre:tengo todo preparado para que quien me ayude quede incógnito.

Que a nadie se le ocurra contestar a esto nada por correo.e.

Preguntas y contactos desde un tf público o seguro al 665382803 , o por correo postal a c/Geral Almirante nº7,1º izda Valladolid 47003

lunes, marzo 20, 2006

Nos tenemos que engañar, para poder seguir viviendoo

El tiempo juega en contra nuestra. Cuanto más nos resistamos a morir, el cerebro se seguirá deteriorando y cada vez menos capacidad de razón y voluntad tendremos. Es lo más probable llegar a un punto de no retorno, a un grado de incapacidad, en el que nos agarraremos irracionalmente a un subsistir indigno hasta los grados más altos de deterioro humano.

Pero es dificil ver algo tan evidente. Nos engañamos continuamente, el cerebro está preparado para ello, la supervivencia de la especie no puede pararse a reflexionar sobre sí misma objetivamente para no correr el riesgo de que se la juzgue con severidad y el resultado sea tan negativo que interrumpa el proceso. Necesitamos mecanismos de defensa muy eficaces para mantener la ilusión de que la vida siempre merece la pena vivirse. Los psicoanalistas conocen bien el tema.

Si alguna extraodinaria circunstancia nos permitiera ver con suficiente distanciamiento y objetividad nuestro pasado, y no digamos nuestro futuro, no tendríamos de él una valoración positiva; es bien posible que incluso lo encontremos detestable.

Siempre encontraremos excusas para seguir aguantando una mala vida, incluso cuando se sufre de la peor manera, pero realmente muy pocas y por poco tiempo tienen consistencia y no son más que mero miedo a la muerte. Tendemos a magnificar los buenos momentos -escasos- y olvidar los malos -abundantes-, reparar con los sueños las frustraciones a menudo de modo inconfesable y engañarnos continuamente.

Estamos tan hechos a tener esperanzas que cuando las perdemos todas buscamos
refugio en la última, en la que enfunda a todas cuando fracasan: si totalmente desesperanzados y sufriendo no tuviéramos la esperanza de un final próximo enloqueceríamos.

En este estado desvalido, los amores o cariños que solo crean fuertes interdependencias estériles no hacen más que prolongar el conflicto; cuando toda la vida de uno es toda la vida del otro, se está creando una relación cerrada imposible que solo la muerte de ambos daría sentido.

Pasar un día tras otro de malestares, impotencias, frustraciones, dificultades materiales, incomunicación, bien consciente, sin olvidar, sin la perspectiva de que lo puedes evitar cuando lo desees, es una tortura; perderás el sueño y será imposible la paz; la vida se reducirá a un sufrimiento psíquico constante.
Solo hay serenidad cuando tenemos la certeza de podemos ponerlo fin en el momento que queramos.

¿quien quiere malengañar su penosa existencia terminal con fármacos, si tiene alguna opción a eutanasiarse?

martes, marzo 14, 2006

La vida ya no es para mi.

La vida sigue llena de estímulos que me mueven a la acción; criaturas bienintencionadas se encargan de atizarlos, lo que me exige un nivel vital que esté como mínimo a la altura de lo que se ofrece y demanda, y por debajo del cual tal acción se vuelve torpe e ineficaz.
Es imposible hacer algo estando con las complicaciones habituales, de modo que cuando aparece un día sin contratiempos, ni sudores, ni ahogos y con buena tensión, vuelve la necesidad de vivir, de aprovechar la pausa y disfrutar con algo, cuanto menos, ponerte al día, comunicarte y crear: Antes los pensamientos se transformaban en obras; ahora, en cuanto llegan esas treguas, aparecen como setas en otoño tras la lluvia, ideas, fórmulas, proyectos, que el subconsciente ha ido creando y guarda, rumia y depura por su cuenta; entonces quiero hacer y moverme. Y como tan sólo tienes el ordenador, recurres a él como un náufrago a un tablón.

Empiezas por leer la prensa y encuentras que la mayoría de las noticias solo muestran el enorme grado de estupidez y embrutecimiento de la especie y cuando llegas a algo extenso y con enjundia notas que te falta concentración suficiente para abarcarlo y asimilarlo. Puedes ponerte a leer aquello que tienes pendiente, pero a la 2ª página te vas o te duermes; si estudias algo simple, pronto lo desprecias; y si es complejo, enseguida ves que no estás ya a la altura y que se te escapa el meollo o el razonamiento. Lo dejas y pruebas con algo creativo; entonces se te pasa el tiempo volando, pero cuando juntas lo hecho a otro trabajo anterior reconoces que te repites, o no avanzas; y como no quieres crear para distraerte, ni por vanidad, ni para añadir más arte sobrante al excesivo que ya hay, cunde el desánimo y lo dejas.
Entonces necesitas escribir; antes gustaba de las relaciones epistolares concienzudas y sugerentes y escribía tan rapido que me salía una letra ininteligible por lo que tenía que recurrir al teclado; ahora redactar una línea lleva casi cuatro minutos, y después de la 5ª la concentración cae en picado, y sabes por experiencia que tendrás que revisar atentamente esas 5 lineas porque serán algo incomprensibes incluso para ti dentro de una semana, con elipsis, faltas y olvidos. Pasas por último a atender la correspondencia y tienes que aceptar -sin resignación- escribir esos correos raquíticos que con frecuencia dan lugar a malentendidos, se quedan cortos o siguen olvidando algo.

En cuanto te abres al exterior te encuentras con que no puedes atender los compromisos y las burocracias que surgen acto seguido. Y cuando a continuación llegan los inevitables conflictos, contratiempos, frustraciones, golpes bajos, imposibilidades y demás mezquindades de lo cotidiano, la impotencia que crea no tiene un cuerpo que pueda descargarla: todas las rabias y frustraciones se quedan dentro de la cabeza agitándose caóticas y creando un gran sufrimiento.

Si uno conserva cierta lucidez no puede escamotear ni maquillar esa realidad. Le cabe aceptarlo o no. Ahí que cada cual se eche sus cuentas. Habrá quien lo haga mejor o peor, según su caracter, entorno y demás circustancias; y quien no porque no considere ese estado propio de una persona libre y consciente, y ello le suponga una existencia intolerable .

-'Es que no deberías exigirte tanto' me llegan a decir y entonces pienso en qué mecanismos psicológicos impiden la empatía o con qué facilidad somos capaces de buscar hipócritas disculpas para eludir compromisos y responsabilidades. De telón de fondo no hay otra razón que el miedo a la muerte -ridículo- sostenido por los instintos de supervivencia.
Yo no encuentro sentido, aun estando sin complicaciones, a quedarme un día y otro leyendo por encima el periódico y mirando por la ventana -o dando mínimos paseos por unas calles anodinas- ; y cuando ellas aparecen, el sufrimiento sumado al absurdo de la existencia hacen una mezcla intolerable.


-'¿Que dónde están los sentimientos?' me preguntan.
-¿De qué clase de sentimientos me hablan? ¿alguien pretende que vaya a claudicar por una caricia o un beso sin poder ir más allá? ¿alguien que me quiera a mí de verdad me quiere así? ?

lunes, marzo 13, 2006

Eutanasia y cuidados paliativos

Empezaré por reproducir tal cual la carta al director de El Paìs, de Damián Muñoz Sánchez del 3.02.06 porque en su brevedad no encuentro desperdicio:

He leído el interesante artículo de Pablo Simón Lorda titulado Siete orillas en la eutanasia (EL PAÍS, 28-2-2006). Comparto plenamente las reflexiones que hace en los seis primeros puntos, pero no lo que propone en el séptimo: despenalizar la eutanasia en determinados supuestos. Dice que habría que garantizar "mecanismos adecuados para asegurar la transparencia y evitar los abusos". En Holanda también se lo plantearon así y, sin embargo, los últimos datos oficiales sobre la práctica de la eutanasia en ese país arrojan 1.000 casos anuales de eutanasias por inyección letal sin petición del paciente. Pretendiendo arreglar un problema, han provocado otro peor.
Se comprueba a diario que, cuando se ofrecen unos cuidados paliativos de calidad, las peticiones de eutanasia son excepcionales. No parece prudente legislar para unos pocos casos -en los que siempre cabe el recurso a la sedación- y en un terreno extremadamente delicado, donde con facilidad se pueden producir abusos. En España todavía hay muchos enfermos que no tienen acceso a unos buenos cuidados paliativos: considero más urgente y constructivo -como proponía la ministra de Sanidad- centrarnos en resolver este problema.


Poco antes de esas dos cartas, dada la extrema beligerancia con que el PP responde a cualquier innovación o reforma, dudaba de la conveniencia de mandar a ese diario una -bien moderada- pidiendo que se volviera a sacar del silencio político y mediático el tema de la eutanasia.
Así, al encontrar la carta anterior, me volvió ese malestar hondo que me causan los discursos hipócritas o falaces referidos a cuestiones fundamentales; discursos típicos del estilo católico vergonzante que en vez de presentarse como tal se esconde tras títulos o méritos que sólo aparentemente los justifican. Creí necesario contestarle y mandé la siguiente, que no se ha publicado:


La carta de Damián Muñoz Sánchez del 3.02.06, viene a sumarse a las de otros médicos de cuidados paliativos que, en cuanto sale a debate el tema de la eutanasia, se incorporan inmediatamente a él argumentando que un buen desarrollo de esos servicios la harían innecesaria. Sólo intereses corporativos y/o motivos ideológicos, ajenos a la realidad del interesado, pueden presuponer excepciones las demandas de eutanasia que exceden su ámbito. Hay una enorme variedad de situaciones que necesitan con urgencia poder acceder a una buena muerte y que no encuentran en su modo de actuar solución a su problema.
¿Por qué volver a cargar el concepto de eutanasia de connotaciones negativas?

Es preciso abarcar la cuestión sin prejuicios y en su totalidad, para no perjudicar precisamente al interesado. Todos estamos de acuerdo en desarrollar unos cuidados paliativos de calidad, pero eso no es suficiente. Nos asombraríamos si supiéramos con exactitud la cantidad de cacotanasias que se producen a diario imposibles de ser solucionadas debidamente en unidades paliativas.

Estando al otro lado del problema y sabiendo que la medicina paliativa no resuelve mi caso ni el de muchos otros más -que ellos tratan de minimizar con dolorosa irresponsabilidad-, les pido que no obstaculicen por motivos corporativos y/o ideológicos el necesario y urgente proceso que regule, sin restricciones mojigatas, el derecho a la eutanasia, el derecho a una buena muerte para cualquiera que, en una situación terminal, pueda acabar de morir si así lo desea, o lo haya dejado escrito, antes de que llegue el fin 'natural', y atienda al resto de situaciones que exceden el marco de las unidades de cuidados paliativos.
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Tenía también escrito apuntes como los que añado a continuación, imposibles de desarrollar en lo anterior porque se superarían las treinta líneas requeridas.

- Algunos médicos de cuidados paliativos siguen empeñados en monopilizar el derecho a una muerte digna, desvirtuar el concepto de eutanasia y obstaculizar su plena regulación.

- La contundencia de cifras que maneja con soltura de muertes sin consentimiento en Holanda -y que asocia a abusos y a crear un problema aún mayor, insinuando graves acusaciones sin pruebas- contrasta con las que no ofrece de esas supuestas excepciones tan escasas que hace innecesario el debate sobre la eutanasia y su regulación.

- (A propósito: ¿puede unas leyes democráticas dejar fuera y sin amparo legal casos y situaciones de la trascendencia de cómo resolver nuestra propia muerte, como pretende Damián Sanchez?)


- Es lamentable que digan que en Holanda se cometen hasta 1.000 abusos anuales, queriendo crear una animadversión infundada contra la legislación de la eutanasia.
Personalmente, no considero motivo de escándalo, ni de alarma. ni de abuso que, llegado a terminal e inconsciente sin más futuro que una lenta degradación biológica, en vez de una potente sedación que simplemente me quite el gesto de dolor (que según que caso ya ni siquiera sienta), se me inyecte una solución letal.

- Lo que hace la medicina paliativa , por mucho que no les guste el término , no deja de ser eutanasia; in extremis, pero eutanasia, facilitar un morir sin sufrimientos innecesarios ni excesos terapéuticos tan inútiles como degradantes.
En el fondo, más que el debate sobre quien tiene derecho sobre su propia muerte, si una religión , el Estado o uno mismo, imponiéndose en la sociedad lo último, veo en el meollo de la discusión una mera cuestión de tiempo: los médicos de cuidados paliativos admiten que su práctica adelante la muerte ‘natural’, minutos, horas, incluso un día, pero no más ¿por qué esa moral timorata cuando hay casos en se pueden preveer sin ninguna duda meses e incluso años de agonías indeseadas?.

domingo, marzo 05, 2006

Las buenas intenciones y la realidad

Las buenas intenciones sin soluciones reales se pervierten y acaban haciendo aún más daño.

Si espero para acabar con este abyecto estado a lo que los bien pensantes que creen entenderme entienden por 'estar mal' -es decir, a estar ahogándome desoxigenado por mucosidades y con la toalla rodeando toda la cabeza, menos ojos nariz y boca, para recoger la copiosa sudoración fría que manifiesta un dolor interno- por entonces no tendría capacidad racional suficiente para organizar como es debido la complicada y delicada operación que por ahora supone la eutanasia asistida.

Esa caida irreversible en una fase terminal puede ocurrir ya en cualquier momento y si el tiempo que me queda para ello es de malestar psicológico y nula creatividad ¿Para qué esperar? ¿Para que resistir y arriesgarse a quedar encamado sin posibilidad actuar y a ir cayendo sin remedio en la idiotez?

Cuando los seres queridos nos llenan de ilusiones, en los momentos de remisión de los síntomas que por indisimulable daño nos mantienen con la conciencia lúcida sobre el alcance de nuestra desgracia, es dificil rechazarlas sin caer en la tentación de dejarse mecer en ellas aunque sea por unos momento, una noche, o al menos hasta que vuelvan a reaparecer las molestias intolerables.
Si así fuera, a su regreso recuperamos la lucidez y es cuando mejor podemos darnos cuenta de las limitaciones en que hemos quedado atrapados; limitaciones nuestras, del entorno y de la sociedad.

Llegados a un grado de sufrimiento irreversible, las buenas intenciones deben de dejar de estimularnos para resistir y volverse hacia la colaboración en que el tránsito se pueda realizar de la mejor manera posible.