martes, febrero 14, 2006

Hacer de la necesidad virtud.

(Pensamiento barroco, buen conocedor de la capacidad de transformación de todo en algo equivalente a su contrario. Al cuerno con las rigideces metafísicas)

Sale el tema del optimismo, de que 'estoy muy bien', ¡¡¡!!!, de las posibilidades de hacer de la necesidad virtud; alguien incluso me da un 50% de posibilidades diarias de que todo salga bien.
Solo falta que me digan eso de que no hay mal que por bien no venga ...

Hacer de la necesidad virtud, sacar ventaja de la desventaja, de la desgracia beneficio, ¡qué mecanismos tan desarrollados en los humanos !. Nuestro 'éxito' evolutivo se basa en ello. ¡ De qué íbamos a evolucionar como lo hemos hecho superando incontables adversidades, hasta ocupar como una plaga casi todo el planeta, sin esas habilidades!. Pero no demos a nuestra extraodinaria capacidad de adaptación valores superiores a los que estrictamente le corresponden y mucho menos éticos.

Entonces me cuentan la historieta de un psicólogo americano que siempre que se cruzaba con un negro le encontraba sonriente y optimista, y como le preguntara cómo lo conseguía, el negro le contestó que "había aprendido a colaborar con lo inevitable”.

En la Europa católica, aceptar lo inevitable se llamaba 'resignación cristiana', la vida es un valle de lágrimas pero efímero y posible preámbulo para la felicidad eterna del paraiso; eso te daba derecho a poder mostrar tristeza y abandono, hacerlo era incluso edificante; aún se dice entre sus restos con la boca pequeña, porque hoy ni ellos quieren resignarse. Era muy conveniente para los poderes religiosos pero no tanto para los políticos y menos para los económicos: el resignado que solo espera a la muerte no es util, no es competitivo y no consume; magros beneficios con ellos; para el desarrollo es necesario gente optimista que quiera prosperar, y cuanto más y sin importarla cómo, mejor.

(En una cultura epidérmica de inmediatez, consumo e imagen, rechazamos con repugnancia tan solo la proximidad del dolor, la pobreza o la simple fealdad, como si pudiera contagiarnos; no nos es grato cualquier trato sin una sonrisa jovial, buena piel, buena carne y buen peinado; evitamos incluso a quien solo muestra suave tristeza o melancolía, ahora llamada depresión, cajón de sastre donde se mete cualquier conducta que no sea 'positiva').

Volvamos a ese psicólogo y su negro. ¿A qué se refiere con lo de inevitable? ¿Qué es legítimo sobreentender en esa escena? Desde luego sería improbable que se pregunte eso a un negro de aspecto saludable y adinerado. Habrá que pensar más bien en alguien que deberíamos suponer desgraciado; parece consecuencia de la sorpresa de quien no espera que otro llevando una vida jodida muestre contento ¿un esclavo tal vez?

En lo humano, esta estrategia puede tener sentido y valor tomada como algo provisional y transitorio, cuando se está seguro de que llegarán lo que se consideran tiempos mejores o consigue mantener un estado de suficiente dignidad.
Pero si hacemos de la necesidad virtud un principio incondicional, olvidando sus limitaciones, acabaríamos dando por excelentes conductas de mera subsistencia e incluso aceptando cualquier aberración impropia de una persona íntegra.

No se le puede decir al esclavo no solo que acepte sus cadenas, si no que además haga con ellas una comba con la que saltar y jugar, alegre y optimista.
No puedo hacer virtud alguna de esta impotencia casi terminal, aunque paradójicamente sea morir por propia voluntad la gran 'virtud' que se pueda derivar de mis necesidades.

1 Comments:

Blogger HONORIO LOPEZ CAMPOS said...

Entiendo el problema, pero creo que, como en tantas cosas, cada uno puede hacer de la necesidad virtud hasta un límite propio, distinto del que otro puede conseguir. Recomiendo leer el libro "EL HOMBRE EN BUSCA DE SENTIDO" de Viktor Frankl.

8:46 p. m.  

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