jueves, enero 26, 2006

Eutanasia - Bush

18-01-2006 El Supremo estadounidense impide que Bush -que ser- vete con una ley federal la Ley de la Muerte con Dignidad del Estado de Oregón, que permite morir a los enfermos terminales que lo deseen, tras obtener un certificado de dos médicos que establezca que al paciente le quedan menos de seis meses de vida y que se encuentra en posesión de sus facultades mentales.

Me sorprede que empleen la fórmula "suicidio asistido" para evitar la palabra eutanasia. Vemos, una vez más, cómo ciertas palabras parece que queman pero al final hay que usar alguna, porque llega un momento en que no caben eufemismos, aunque sí neologismos; puestos a precisar, entre eutanasia y suicidio cabe una actuación específica con nombre propio: el eusuicidio. (Tal vez porque al pensar en suicidios me asalte la horrorosa impresión del que se cortó el cuello con una radial o la que agonizó consciente largamente tras arrojarse por un cuarto piso sin matarse al momento ) . Pero 'eusuicidio asistido' no es nada eufónico y suena demasiado rebuscado.

La figura de la 'buena muerte voluntaria pero necesitada de ayuda por invalidez física' está a la espera de un término específico desdramatizado que no debe esperar a un consenso imposible.

De momento coloquialmente seguiré diciendo, 'a ver si alguien se anima a eutanasiarme cuanto antes'.

viernes, enero 20, 2006

Peligros para la paz mundial.

No puedo ni quiero reprimir otra incursión política en este blog. En este estado, tan a caballo entre la vida y la muerte, se desarrollan selectivas hipersensibilidades y, como el cuerpo ya no puede cumplir con una función tan importante como es la de evacuar conflictos, éstos se quedan dentro del cerebro coleteando, haciendo daño: como mínimo, bajando las defensas y, en el peor de los casos, desencadenando un cáncer.
Los temas relacionados con la vida y la muerte me afectan aún más que antes, la destrucción del medio ambiente y las guerras de cualquier tipo me causan una tremenda desazón. Ahora, una noticia en particular me revuelve las tripas e inquieta.
Podemos convenir en que hay un equilibrio político internacional fragilísimo que mantiene el grado de 'paz' actual. La confrontación forzada entre el mundo islámico y este 'occidente' tiene como pieza clave de su equilibrio un país muy inestable, con una de las poblaciones más violentas del planeta, muy numerosa, proclive al fundamentalismo, harta de este mundo de promesas incumplidas y con armamento nuclear; un aliado militar precario de EEUU consigue controlarlo a duras penas. Tan delicadísima situación es tratada por el Pentágono, la CIA, sus políticos e innumerables ramificaciones con la torpeza habitual; el ya famoso misil contra un Al Zawahiri que no estaba ha dado argumentos a los radicales y colocado a Pervez Musharraf en una situación aún más dificil. Un gobierno fundamentalista en Paquistán dejaría en casi insignificante la posibilidad de un Irán con bomba atómica.

-Y es que de haber acertado, ¿De qué sirven esos métodos? ¿Qué han conseguido los 'eficacísimos' misiles israelies contra líderes de Hamas? Ahí están los hechos.

Las víctimas no olvidan ni perdonan los errores en la historia y su acumulación a ciertos grados empieza a provocar respuestas incontrolables, de modo que violencias aparentemente no muy relevantes pero inscritas en dinámicas explosivas llegan a desencadenar conflictos terribles. Ciertas torpezas son muy peligrosas.

-"¿Pero a ti, qué te van ni te vienen esas historias? Eres un tonto, haz como yo, que solo me interesan las noticias locales y tengo prohibido que me cuenten desgracias. Para cuatro días que nos quedan".

Pero uno sigue siendo en gran medida aquél a quien lo que menos importaban eran las noticias locales, matar el tiempo con distracciones hueras o entretenerlo en cualquier cosa que no reportara auténtico placer o conocimiento, y buscaba en la prensa menos desinformativa los hechos determinantes o novedades importantes que se dieran en cualquier campo . Como cuando hablaba de la química cerebral del proceso creativo, tan adictiva, auténtica droga dura, cierta prensa me enganchó igualmente, esperando cada día mi dosis de 'conocimiento' o de algo equivalente, o de no sé muy bien qué, con la compensación de mantenerme con la mayor lucidez que se puede esperar estando así: ejercicios de rehabilitación -en lo posible- mental. Horror a ir quedándome en babia o tonto sin enterarme.

domingo, enero 15, 2006

Tenía que ocurrir, II

Aclaraciones pertinentes en caso de accidente.

La conexión del tubo flexible del respirador a la cánula del traqueostoma está diseñada para que se suelte con cierta facilidad: es un codo que se puede poner y quitar con los dedos y que además gira sobre sí mismo merced a una doble estructura muy deslizante en la parte que encaja con la cánula; de ese modo los movimientos que me realicen no se transfieren rígidamente al agujero bien vivo y sensible de la traquea, causa de constantes molestias. Si no se soltara con facilidad podría causar tremendos daños en caso de que el tubo se enganchara en algo mientras me muevo; y serían imposibles ciertas operaciones como la aspiración de mocos o el vestir y desvestir.

Sabiendo esto, podeis entender que una presión fuerte desde los pulmones también lo puede desconectar; p. e., una tos violenta. Y resulta que yo me puedo provocar una tos capaz de soltarla si no está muy apretada esa conexión.

Decía que la alarma del respirador es debil y sin embargo el respirador que tengo de repuesto sé que suena más.
También sé que no tendría problemas de desconexión si cuando inevitablemente hay que dejarme solo, con una cinta me ataran el codo a la cánula: es sencillísimo.
En efecto, esta ausencia de prevenciones es a propósito: quiero tener ese resquicio de posibilidad si llegara la ocasión, aunque de un modo muy espantoso tendría que estar para preferir una muerte con semejante agonía.

Quiero dejar dicho esto a efectos legales, pues si muriera por una desconexión 'accidental', al igual que por otra aparente falta de atención, solo yo he de ser resposabilizado.

lunes, enero 09, 2006

Tenía que ocurrir.

Se soltó la conexión del tubo del respirador a la cánula durante diez minutos, sonando una muy poco estruendosa alarma de seguridad que nadie llegó a oír.

Cuando vinieron a recolocármelo estaba ya agotado por respirar tirando de los músculos del cuello y empezaba a dejar de oxigenar debidamente el cerebro.
Pero aparenté que no había tenido ninguna importancia.
Podría haber aguantado algo más si siguiera haciendo ejercicios de respiración como antes de otra soltadura de tubo. En aquella ocasión resistí unos impensables 50 minutos, al estar de medio lado y con algo de mocos.
Hasta aquel día imborrable, todas las mañanas hacía 'rehabilitación respiratoria', me desconectaban un tiempo, más o menos una hora, y aguantaba según la mucosidad de los pulmones, la tensión y cómo hubiera dormido, hasta que notaba que tenía que hacer un gran esfuerzo para seguir; entonces hacía una señal y volvían a conectarme.

Aquellos 50 minutos solo en una habitación en medio de aquella larga nave de ancianos demenciados, sabiendo que ninguna auxiliar tenía que venir hasta bastante después de que me hubiera asfixiado, me dejaron un recuerdo tan espantoso que reaccioné rechazando esos ejercicios: si volvía a ocurrir un accidente, estaba preparado y dispuesto; nada de volver a poder estar tanto tiempo en aquella horrible agonía, con aquel leve gesto automático como un espasmo del cuello a los hombros que los alzaba y con ello abría la caja torácica lo justo como para dejar entrar un soplo de aire a los pulmones; un soplo del todo insuficiente para vivir pero bien capaz de prolongar el sufrimiento y, sobre todo, de hacerme ir entrando lentamente en ese territorio fatal e irreversible del daño cerebral.

(50 minutos eternos y sin ninguna esperanza de que se oyera fuera el débil pitido de la alarma del respirador -y que aún de sonar claro por el pasillo, ningún oído lo iba a recoger- seguidos conscientemente, uno a uno, por la referencia que una música bien conocida iba dejando en su avance: con cada tema, ir sabiendo lo que queda. Un 'olvido' hace que la auxiliar deje sus tareas en otra planta y venga a un botiquín que, casualmente, está enfrente de mi habitación. Peor podía haber sido si siguiera conmigo un caso muy avanzado de esclerosis multiple, casi tan invalido como yo, y que a esa hora dormiría profundamente con la tv bien alta; sin entrar en otra probabilidad aún más lamentable).

Cada minuto de cerebro sin oxígeno mueren o se desconectan millones de neuronas, de modo que a mayor ejercitación y aguante, más posibilidades de que te encuentren con el corazón aún latiendo, pero descerebrado, o lo que es peor, medio descerebrado, medio tonto, capaz de sonreir a una caricia y recordar algún nombre, pero no de saber cómo anda tu cuenta corriente ni qué gastos tiene.
En ese estado no es probable que fuera capaz de discernir sobre temas éticos y los instintos de supervivencia ocuparan toda su voluntad: se agarrará a la vida como un animal, sin ningún criterio.

Me aterra esa perspectiva. El formulario de mi testamento vital no contempla bien tal posibilidad. Consultaré enseguida si es conveniente puntualizarlo ante notario y dejar claro que, en el caso de haber quedado inconsciente tras una desconexión, no quiero que se me vuelva a conectar; y que si se ha hecho por desconocimiento o inoportuna piedad, si no estoy en un estado mental de plena consciencia, se me vuelva a desconectar en cuanto aparezca la asistencia médica. Dejo en manos de los médicos la decisión de evitarme de algún modo sufrimientos innecesarios.