viernes, diciembre 23, 2005

Navidades

Son grandes días para las buenas intenciones. Nuestro entorno, si es afectivo, querrá que nos sumemos a la obligación de pasárnoslo especialmente bien.
Pero antes de nada, por favor, que se tome la molestia de escucharnos con cuidado no sea que prefiramos algo bien distinto de lo que dan por sabido; que tenga más en cuenta nuestros deseos reales que el suyo, y se les respete.
Si alguien quisiera una tranquila soledad evocadora, nadie tiene derecho a presionarle 'para que esté alegre'. Cuidado con la arrogancia del 'yo sé lo que necesitas'.

(No puedo olvidar las dos que pasé en el H. N. de Parapléjicos de Toledo. Recuerdo entre otros detalles lo del cd con villancicos, unos villancicos de los más ramplones. El turno de mañana lo ponía a resonar por el pasillo en cuanto llegaban a las 8 con la evidente intención de tratar de impedir quedarse dormidos en cualquier sitio. Cuando se acababa, quien estuviera más cerca acudía como un autómata a volverlo a poner. Esto podía repetirse otro par de veces.
Otro tanto ocurría con el turno de tarde.
Y también al entrar el de noche.
Durante dos semanas.
¿Seguirán así?).