lunes, diciembre 12, 2005

Apuntes al prójimo.

-O sea, a los próximos, que ahora el prójimo parece que es sólo el necesitado que en cualquier momento se te va a poner a pedir, y ésos, cuanto más lejos mejor, que hay muchos -


Cuando, sin esperanzas, las complicaciones físicas y psíquicas se hacen intolerables solo cabe la paz si aparece la posibilidad de acabar a voluntad con los restos de vida torturada que quedan. ¿Quién en su sano juicio quiere alargar una existencia tan miserable? ¿Quién de buen corazón quiere que sigamos sufriendo sin necesidad?.

Que entiendan esto bien las criaturas simples bienintencionadas, sean familiares, amantes, amigos, compañeros o meros vecinos: guardáos de crear expectativas sin fundamento, de estimular deseos imposibles de satisfacer, o llevar a ansiedades desazonantes; alejáos de nosotros tranquilamente sin malas conciencias si no podéis -y no tenéis por qué poder- darnos satisfacciones concretas sin perspectivas ni contrapartidas, o decidíos a ayudar al bien morir.
(Ah, llegados aqui, podremos ver la pasta con la que estan hechos, sus capacidades para saber hacer mejor su entorno, hasta dónde alcanza su arte de vivir. Pero no os preocupéis, yo al menos seré discreto, a nadie comentaré (si así se revelara) vuestro egoismo, la miseria de vuestras vidas porque, además de ser lo normal, seguramente no tenga nadie a quien decírselo; si tenéis que abandonarme a mi suerte creed que es posible que también yo hiciera lo mismo).

Sé que somos óptimos para hacer sentirse con sentido existencial a madres de futuro solitario, o dárselo a vidas que se creen vacias. Pero no estaría bien que nos presionéis, nos ilusionéis, ¡nos engañéis!, y menos aún si no lo deseamos, si preferimos acabar cuanto antes. No es honrado rellenar nuestras carencias con la vida de otros cuando nada saludable podemos aportar.

Es posible que lleguemos a oír "si te vas es que eres un egoista que no piensas en los sentimientos de los que te quieren". Es posible que lleguen a decirnos "si te matas, me matas" . Es el colmo. En vez de ayudarnos, nos hunden. Esos chantajes emocionales deberían estar penados por ley. Si es difícil encararse con la muerte, que no nos lo pongan aún más complicado imaginándoos llorando desgarrados día y noche. Con la eutanasia duramente castigada por la injusticia, preparar nuestro final al margen de su vigilante cariño conservacionista, requiere unas mínimas dosis de autonomía. Si no nos las procuran por elemental derecho a ello -que deberían prever sin tener que llegar a pedírselo- al menos que no husmeen donde pueda oler a asuntos privados.

Es evidente, no hacen mucho esfuerzo para ponerse en nuestro lugar. Tal vez sea que no quieren ponerse en nuestro lugar porque, claro... ¡¡¡¿Quién quiere ponerse en nuestro lugar? ¡¡¡
Además, es que es realmente difícil poder hacerlo, sentir el grado de impotencia que se crea cuando, ante una adversidad, nos quedamos sin poder reaccionar, sin ni siquiera poder movernos, ni aún cruzar las piernas, apretar un puño, coger aire y contener la respiración. Toda la toxicidad del malestar, de la indignación, de la rabia en muchos momentos, se acumula dentro, pudriéndonos, latiendo dañina en el cerebro. No, no es facil sentir tanta frustración. Pero, al menos, creednos si os decimos que es horrible.

Sólo la certeza de que tenemos el control sobre los detalles de nuestra muerte nos da fuerzas para sobrellevar con el mínimo sufrimiento el tiempo que resta.

-
Caso terrible: Hago una llamada comprometida con un 'manos libres' a un número que me tienen que marcar y que no saben borrar; después, alguien mira el número y lo copia en su agenda para contrastarlo por 'curiosidad' con otros, sin saber que, llegado el caso, será tan sospechoso que esa agenda será interrogada y ese número de teléfono puede llevar a un gran trastorno, incluso a la cárcel -a la ruina-, a mi mejor amigo, a un amante secreto, a esa persona que se ha atrevido a ponerme un vaso letal donde yo pudiera beberlo o -lo que sería lo peor de lo peor- a otro sospechoso sin implicación pero incapaz de demostrarlo.