jueves, diciembre 29, 2005

Superman Christopher Reeves y los USA.

No me meteré en la vida de quien mantiene o mantuvo la suya y sus actos en intimidad, pero cuando alguien da en publicitarla en los grandes medios queriendo alcanzar a todo el público, se hace responsable del efecto que causa, máxime si toca cuestiones vitales que afectan a alguno de los que les llega. Esto que parece simple y evidente, se complica si quien se cree afectado responde poniendo en entredicho a personas o causas que todos toman como modelicas e intachables por su altruismo y beneficio general: queda como mezquino reducir esperanzas, relativizar éxitos, apuntar inconvenientes; y escandaloso tirar de pedestales a santos o héroes. El ejercicio crítico siempre está mal visto por los biempensantes.

Me viene quien ha pillado unos minutos de un documental contando escuetamente lo que ha visto: a alguien completamente calvo, la limpieza de una importante sepsis por el cable del marcapasos, radiografias que revelan numerosos cálculos, y una cadera hipertrofiada por exceso de ingesta de calcio que un médico habla animoso de sustituir por una prótesis en cuanto se cure la infección pulmonar. Se trata de Christopher Reeves muy poco antes de su muerte, Cuantas pistas en un momento.

Vi hace tres? años otro documental, hecho a su medida, en pleno lanzamiento de la Fundación que creó hacia las lesiones medulares. Mientras derrochaba energía y esperanza me llamó la atención algo que las cámaras y él mismo dejándose el pelo un poco largo trataban de ocultar todo lo posible y que tenía muy grabado en la memoria desde que lo vi por primera vez en el H. N. de Parapléjicos causándome un profundo desasosiego: alopecias.

Las asocié subjetivamente entonces a fuertes conflictos psicológicos, manifestaciones de rechazo impotente de una situación indeseada, y al vérselas en aquel personaje tan parecido en modos y pretensión de imagen a los dinámicos y sanísimos televendedores -sí, y también algo de telepredicador- abrió en mí una sensación de perplejidad seguida de inmediato por la de estar asistiendo a un juego de encantamiento no del todo bien resuelto, a una promoción de optimismo algo falaz. Esta inquietante sensación venía a sumarse al malestar bien objetivo por ver a ese hombre crear falsas expectativas: era facil imaginar a madres, cónyuges y afectados demandando para empezar más fisioterapia de la necesaria, y al fin una atención ilimitada, con todo el abanico de variados transtornos consiguientes, creando a su alrededor y a sí mismos complicaciones innecesarias, exigencias imposibles y tal vez la ruina económica; o alborozándose porque se empieza a moverse un dedo, convencidos de ser un fruto del tesón y la voluntad y de que es el principio de una mejora generalizada; y luego buscando culpables cuando llegara el momento de no ver más progresos.

En una página web se presenta como un gran logro que llegara a respirar seis horas por sí solo, sin aclarar que es una respiración raquítica con los músculos del cuello tan precaria que cuando se realiza no se puede hacer otra cosa, malamente ver la tele, apenas seguirla con atención, casi imposible leer y del todo hablar o controlar la cabeza para una actividad continuada como conducir la silla con el mentón o manejar el ordenador. Después de ese ejercicio, quedamos tan agotados que necesitamos un profundo descanso. Cabe añadir que aguantar todo ese tiempo exije un entrenamiento constante a costa precisamente del que se tiene para hacer lo más digno.

-" Pero óiga, está diciendo que la gimnasia no es tan digna como el estudio! .

(Cierto, mucho me temo que el término 'dignidad' sea demasiado impreciso. Habrá que remirarlo)

Parece que en sus últimos años, después de probar en variados movimientos religiosos o pseudocientíficos, empezando por la mafiosa Iglesia de la Cienciología tan querida -y util laboralmente- por muchos de sus colegas, recaló en la iglesia Unitaria Universalista y escribió un libro, 'Todo es posible' cuyo título define el talante de su autor. La Fe, como principio y motor, no importa si tiene fundamento: qué importa la realidad, los médicos se equivocan constantemente, la ciencia avanza día a día, todo es posible, sobre todo creyendo en Dios, o algo igual de poderoso y acogedor ...

Paradójicamente desde esos principios tan ajenos a la realidad y a la ciencia, ese empeño en recuperarse le lleva a buscar soluciones concretas y así irremediablemente tiene que dirigirse a la investigación de verdad, reivindicando la conveniencia de actuar en el tema de las células madre humanas abriendo otra brecha en las posturas religiosas fundamentalistas opuestas a la investigación genética y a la produción de tales células y su uso con fines terapéuticos, tal vez porque sea pisarle el terreno al Sumo Creador y dejar en evidencia sus chapuzas. (¿o es que sí tiene sentido y finalidad un bebé con mielomeningoceles o condenado a morir de hambre u otras calamidades humanas o naturales, como lo hacen diariamente de miles de ellos?) (aunque bien pensado, Dios no puede ser chapucero, las chapuzas, tan imperfectas ellas, son incompatibles con un Absoluto Perfecto Omnipoderoso; y no podemos decir que lo imperfecto es la ausencia de Dios porque entonces seríamos, ja, criaturas de un diosecillo limitado que cómo creer que sus designios no estan errados?. No hay coherencia entre la realidad y Dios, alguno de esos términos sobra. ¿O es que hay que creer que el demonio existe y es el mal. ¿Qué clase de Dios es Dios si existiera el Demonio?¿Quien puede creer que hemos nacido para ser sus marionetas?). (Qué dificil parece ser aceptar nuestra accidental e insignificante precariedad absurda.)

Pero esa mezcolanza de superscherías y agudo sentido práctico es el modo de avanzar norteamericano en general, dejando el camino lleno de víctimas de toda índole, desde los completos inocentes, pasando por los responsables en cualquier medida, en base al beneficio económico, o lo que viene a ser lo mismo allí, la fama, sobre una población educada sin rigor científico ni lógico y con una ignorancia de conjunto supina -cuando no maleducada en abracadabrantes ilógicas mesiánicas- presa facil de oportunistas, charlatanes e iluminados, y en su inculta inmadurez, necesitada de héroes y supermanes.

Se dice con admiración que "Luchó hasta el último aliento" ... O sería mejor decir, hasta que el corazón se le agotó. -o se le suicidó sin duda harto de tanto ajetreo inutil ¿sentiría en su conciencia química que ya estaba bien de seguir librando una batalla perdida hacía mucho, y decidiera que 'hasta aquí hemos llegado'?-.

domingo, diciembre 25, 2005

Navidades II

Decía de buenas intenciones... Me recuerdan que también de grandes crueldades, olvidos dolorosos, abandonos miserables.
De un modo u otro, la extrema dependencia de los demás nos convierten en marionetas de la incongruencia de nuestra naturaleza humana y sus incapacidades.

En cuidada apacible soledad, discurro entre la melancólica evocación de pasadas fechas similares de grato sabor aún persistente sin desdeñar las agridulces, un punto creativo de un luminoso espacio habitable y estos destilados asentados, hay que decirlo, en el contínuo obrar en los detalles del final.

viernes, diciembre 23, 2005

Navidades

Son grandes días para las buenas intenciones. Nuestro entorno, si es afectivo, querrá que nos sumemos a la obligación de pasárnoslo especialmente bien.
Pero antes de nada, por favor, que se tome la molestia de escucharnos con cuidado no sea que prefiramos algo bien distinto de lo que dan por sabido; que tenga más en cuenta nuestros deseos reales que el suyo, y se les respete.
Si alguien quisiera una tranquila soledad evocadora, nadie tiene derecho a presionarle 'para que esté alegre'. Cuidado con la arrogancia del 'yo sé lo que necesitas'.

(No puedo olvidar las dos que pasé en el H. N. de Parapléjicos de Toledo. Recuerdo entre otros detalles lo del cd con villancicos, unos villancicos de los más ramplones. El turno de mañana lo ponía a resonar por el pasillo en cuanto llegaban a las 8 con la evidente intención de tratar de impedir quedarse dormidos en cualquier sitio. Cuando se acababa, quien estuviera más cerca acudía como un autómata a volverlo a poner. Esto podía repetirse otro par de veces.
Otro tanto ocurría con el turno de tarde.
Y también al entrar el de noche.
Durante dos semanas.
¿Seguirán así?).

lunes, diciembre 12, 2005

Apuntes al prójimo.

-O sea, a los próximos, que ahora el prójimo parece que es sólo el necesitado que en cualquier momento se te va a poner a pedir, y ésos, cuanto más lejos mejor, que hay muchos -


Cuando, sin esperanzas, las complicaciones físicas y psíquicas se hacen intolerables solo cabe la paz si aparece la posibilidad de acabar a voluntad con los restos de vida torturada que quedan. ¿Quién en su sano juicio quiere alargar una existencia tan miserable? ¿Quién de buen corazón quiere que sigamos sufriendo sin necesidad?.

Que entiendan esto bien las criaturas simples bienintencionadas, sean familiares, amantes, amigos, compañeros o meros vecinos: guardáos de crear expectativas sin fundamento, de estimular deseos imposibles de satisfacer, o llevar a ansiedades desazonantes; alejáos de nosotros tranquilamente sin malas conciencias si no podéis -y no tenéis por qué poder- darnos satisfacciones concretas sin perspectivas ni contrapartidas, o decidíos a ayudar al bien morir.
(Ah, llegados aqui, podremos ver la pasta con la que estan hechos, sus capacidades para saber hacer mejor su entorno, hasta dónde alcanza su arte de vivir. Pero no os preocupéis, yo al menos seré discreto, a nadie comentaré (si así se revelara) vuestro egoismo, la miseria de vuestras vidas porque, además de ser lo normal, seguramente no tenga nadie a quien decírselo; si tenéis que abandonarme a mi suerte creed que es posible que también yo hiciera lo mismo).

Sé que somos óptimos para hacer sentirse con sentido existencial a madres de futuro solitario, o dárselo a vidas que se creen vacias. Pero no estaría bien que nos presionéis, nos ilusionéis, ¡nos engañéis!, y menos aún si no lo deseamos, si preferimos acabar cuanto antes. No es honrado rellenar nuestras carencias con la vida de otros cuando nada saludable podemos aportar.

Es posible que lleguemos a oír "si te vas es que eres un egoista que no piensas en los sentimientos de los que te quieren". Es posible que lleguen a decirnos "si te matas, me matas" . Es el colmo. En vez de ayudarnos, nos hunden. Esos chantajes emocionales deberían estar penados por ley. Si es difícil encararse con la muerte, que no nos lo pongan aún más complicado imaginándoos llorando desgarrados día y noche. Con la eutanasia duramente castigada por la injusticia, preparar nuestro final al margen de su vigilante cariño conservacionista, requiere unas mínimas dosis de autonomía. Si no nos las procuran por elemental derecho a ello -que deberían prever sin tener que llegar a pedírselo- al menos que no husmeen donde pueda oler a asuntos privados.

Es evidente, no hacen mucho esfuerzo para ponerse en nuestro lugar. Tal vez sea que no quieren ponerse en nuestro lugar porque, claro... ¡¡¡¿Quién quiere ponerse en nuestro lugar? ¡¡¡
Además, es que es realmente difícil poder hacerlo, sentir el grado de impotencia que se crea cuando, ante una adversidad, nos quedamos sin poder reaccionar, sin ni siquiera poder movernos, ni aún cruzar las piernas, apretar un puño, coger aire y contener la respiración. Toda la toxicidad del malestar, de la indignación, de la rabia en muchos momentos, se acumula dentro, pudriéndonos, latiendo dañina en el cerebro. No, no es facil sentir tanta frustración. Pero, al menos, creednos si os decimos que es horrible.

Sólo la certeza de que tenemos el control sobre los detalles de nuestra muerte nos da fuerzas para sobrellevar con el mínimo sufrimiento el tiempo que resta.

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Caso terrible: Hago una llamada comprometida con un 'manos libres' a un número que me tienen que marcar y que no saben borrar; después, alguien mira el número y lo copia en su agenda para contrastarlo por 'curiosidad' con otros, sin saber que, llegado el caso, será tan sospechoso que esa agenda será interrogada y ese número de teléfono puede llevar a un gran trastorno, incluso a la cárcel -a la ruina-, a mi mejor amigo, a un amante secreto, a esa persona que se ha atrevido a ponerme un vaso letal donde yo pudiera beberlo o -lo que sería lo peor de lo peor- a otro sospechoso sin implicación pero incapaz de demostrarlo.

domingo, diciembre 04, 2005

Me escribe otro pentapléjico:

' Leo tu blog y cada vez me aburre más la reiterada identifiación de supervivencia en este estado como una cuestión de animalidad opuesta a la razón.

Después de esas etapas sicológias postraumáticas que describen no sin acierto estadístico los manuales, yo derivé hacia algo que parece inusual pero que recomiendo a cualquiera en nuestro estado en cuanto esté a su alcance: mi situación económica es privilegiada y puedo permitirme hacer cosas que muy pocos otros estarán en condiciones de realizar ahora.

Para mí, nuestro problema es este cuerpo medio muerto, causa principal de nuestros sufrimientos por encima de las supuestas carencias físicas: debemos prescindir de él y alcanzar a valorar en toda su medida las posibilidades del cerebro. Yo ya he empezado eliminando los brazos y las piernas hasta medio muslo; he simplificado con ello las tareas de mantenimiento, reducido riesgos y problemas circulatorios, traumáticos y térmicos, peso en los isquión al sentarme alejándo así el de las escaras, y necesidades nutritivas, principalmente, ganando algo más de tiempo y mejores condiciones para estar sentado. Pero no deja de ser muy poquita cosa en comparación de hasta dónde podemos llegar.

Confío en que en breve me tengan preparado un innovador sistema por el que pueda quitarme primero del aparato digestivo, más adelante el corazón, el aparato urinario y al fin los pulmones. En el primer caso alimentaríamos la sangre directamente y, aparte, podría comer y beber lo que quisiera sin ninguna otra preocupación, olvidándome de las múltiples complicaciones que todo ese complejo de vísceras suponen.
La sustución del corazón es ya la parte menos delicada del proceso; un sencillo motor basta para las necesidades de esa fase.

Oxigenando la sangre mecánicamente puedo dejar atrás estos obsoletísimos respiradores que usamos, y regular para cada momento del día y situación la cantidad precisa. Diré adiós a lo más penoso de nuestro estado, las mucosidades pulmonares que había que sacar cada dos por tres con dificultad y molestias, los ahogos, las desaturaciones, el constante riesgo de morir de muy mala manera por asfixia lenta, el tremendo engorro del tubo al traqueostoma, siempre haciendo daño y estorbando en las aproximaciones físicas, los procesos infecciosos que aun en la mejor evolución, serían los encargados al fin de acabar con nosotros en unos pocos años.
Además, estará también a punto un circuito voluntario de aire por el que podré hablar ininterrumpidamente tanto tiempo como desee.

Llegados a esto, un pequeño volumen de sangre -apenas tóxica ya antes de llegar al mecanismo de limpieza y movilización perfectamente autocontrolable según parámetros variables- alimentará a voluntad un mínimo de busto sensible y funcional, donde también irá alojado un exclusivo complejo de médula ósea y circuito linfático que la renovará cuando sea necesario. Tal vez por entonces tenga lista sangre mia clonada a discrección y pueda prescindir de ese complejo al menor síntoma de incomodidad o mal funcionamiento.

Con todo ello, seré al fin libre de este cuerpo que, peor que inutil, nos amarga la existencia y acabaría por matarnos. En mi cerebro tendré prótesis que controlarán cualquier aparato informatizado, incluidos, por supuesto los ordenadores. Mi dependencia directa de lo corporal, propio o ajeno, se reducirá a la que desee, libre también de las interferencias personalistas que de un modo u otro nos quitan un tiempo y una energía inestimables.

Sin todos esos , podré dedicar tanto tiempo como quiera a los placeres que realmente importan, el estudio, la investigación, el generoso intercambio de conocimientos, sin ningún objetivo al margen de la serena satisfacción de estos quehaceres, sin esperar nada, sin pedir nada, lejos de aquellos estímulos primitivos siempre incapaces de ser satisfechos por completo, apetitos insaciables que nos consumían la vida a cambio de ansiedades dañinas y frustraciones constantes, sin dejar que se desarrollaran nuestros aspectos más valiosos.

(No llegaré a conocer -no por mi salud, si no porque nuestro mundo se colapsará antes- la posibilidad de que cuando llegue cierto grado de declive neuronal que me impida una buena comprensión general, con lo que mi comunicación también se hará estúpida, de dejar el cerebro definitivamente libre de restos corporales y sumergido en un indefinido onirismo autoregulable, una perpetua recreación de las fantasias de nuestra intimidad).