domingo, septiembre 04, 2005

Suicidio, dependencia y humor negro.

Si despierto de madrugada después de haber dormido bien, la cabeza suele empezar a parir ocurrencias caóticamente. Tras los ajetreos del largo proceso de actuaciones hasta estar preparado para ir a la silla y el propio trance de sentarme, cuando llego al ordenador no recuerdo casi ninguna de aquellas tempranas iluminaciones; de las que puedo rescatar del olvido, la mayoría al sacarlas fuera pierden fuerza y se quedan en poca cosa, no la suficiente como para transcribirlas ni mucho menos trabajar sobre ellas. De vez en cuando sin embargo, alguna sí que acaba por aquí:

Hace poco, debía de haber estado repensando mientras dormía,-tareas que discurren en algún camarote escondido de esos que reserva el cerebro para asuntos importantes en estudio, y que no se abren hasta que dan con alguna conclusión-, sobre lo que supone este grado de dependencia en la práctica, hasta qué punto condiciona la vida cotidiana y alrededores. Al despertar en vez de lamentarme sobre ello me encontré con lo siguiente escapando del subconsciente.

Eran como escenas detalladas sobre la historia, que no deja de tener fundamentos en la propia realidad, de un pentapléjico que quiere suicidarse y su entorno, muy atento, se lo dificulta o impide sin darse ni cuenta, hasta extremos que le derrotan; después de tres intentos frustrados -el último le a lleva la UVI donde le encuentran en tan buen estado que contra su deseo se niegan a desconectarlo, 'pero hombre, si estás mejor que muchos de nosotros'- se resigna y quiere creer por los cuidados, apoyo y cariños de quienes le rodean que merece la pena seguir viviendo. Una tarde decide hacer una fiesta privada con los más inmediatos; todo transcurre cálido y sin contratiempos. En un momento dado alguien, fumador, se lleva a todos al cuartito del recibidor; no hay problema por dejarlo un momento solo, es habitual e imprescindible en muchos casos y para eso está el "baby sister" que transmitiría cualquier llamada o timbre de alarma. Pero el clima es muy animado y no se oye el pitido de que se ha soltado el tubo del respirador a consecuencia de una fuerte tos que ha provocado un moco imprevisto. Cuando quieren darse cuenta no hay forma de que vuelva en sí.

Todo esto lo veo en clave azconiana más que en el actual modo de entender el humor negro tan afectado por el tener que destacar del exceso general de películas, con el ojo puesto sobre todo en la taquilla, teniendo que cargar las tintas más de lo necesario.
Pero dudo mucho que alguien ajeno a este estado tenga las ocurrencias oportunas, y yo, ja ja ja, conceptual a la fuerza e incapaz de dar más de mi, me conformo con este apunte; y que el lector interesado e imaginativo que haya atendido bien las características del pentapléjico se haga sus cábalas o se busque uno.
Dos pistas
-me cuidan por turnos cuatro personas
-tomo elevadas dosis de un relajante muscular que mantiene con un aspecto jovial.

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