miércoles, agosto 24, 2005

Mocos - angustia.

Escribir sobre mucosidades pulmonares y la diferencia entre aspirar y achuchar, me ha hecho recodar los principios de la 'rehabilitación' en el hospital, cuando empezaba a recuperar consciencia e ignoraba todo sobre mi nuevo estado.


Noches en el H.N. de Parapléjicos de Toledo.

A las 12 ya has tomado tu buena dosis de somníferos, se apagan las televisiones y al fin se instala cierto silencio propicio para el sueño. Pero éste no llega. Una sorda angustia desconocida impide dormir. A medida que pasa el tiempo esa angustia crece, desvela por completo y se hace insoportable. Giras un poco la cabeza hasta alcanzar la boquilla por la que soplando sonará un timbre con mala conciencia porque sabes que vas a molestar al personal. Mientras dudas la sujetas con los dientes, el material es resistente; apenas revela que ha sido mordido y con desesperación muchas veces. Suena en el pasillo. En efecto, llega alguien con cara de fastidio. "Ahora qué quieres". "No puedo dormir". "Relájate, vas a molestar a tu compañero". Te callas impotente con ganas de gritar. Puede que acabes durmiéndote, puede que tengas que volver a llamar, puede que varias veces, ganándote el odio del personal y la fama de histérico. Puede que por aburrimiento te inyecten al fin un tranquilizante fuerte. Puede que te inyecten un placebo y tú te acabes durmiendo de puro agotado pero se comente en el control de enfermería, "fíjate, que neurótico".
Puede que una noche recuerdes que por las tardes ahora vienen a hacerte rehabilitación respiratoria antes de sentarte. Hay una sensación muy agradable después de que te hayan limpiado bien los pulmones, luego puedes aguantar en la silla más que antes sin mareos ni ahogos.
Una noche asociarás esa sensación a tu angustia y rogarás que alguien te "achuche" antes de oir un despectivo "Qué cosas pides, ahora una fisioterapeuta, a las cuatro de la mañana. Relájate anda, a ver si te duermes ya de una vez".

Meses después, regresado a casa antes de darte la vuelta para empezar a dormir, te achucharán hasta no dejar ni un moquillo y sin tranquilizantes ni ansiolíticos no despertarás hasta el siguiente cambio postural.
Alguna noche una angustia te sacará del sueño. Pides a quien te cuida que te achuche. Seguramente salga una flema y vuelvas a dormir en seguida.