martes, agosto 30, 2005

Dificultades específicas de un pentapléjico: continuación

Describía las características básicas de la vida de un pentapléjico. Sigamos.
La respiración mecánica insufla aire con ritmo y volumen inalterables, sean cuales sean tus necesidades en ese momento; es cierto que tiene unos mandos de control sobre el volumen y frecuencia del aire pero su manejo es delicado. Así que normalmente, cuando necesitamos una respiración más rápida e intensa, el aparato sigue en las mismas y hay que recurrir a la ayuda manual, interrumpir lo que se esté haciendo, quedarse en blanco y que te achuchen hasta que te recuperes.

Respirar con estas deficiencias alimenta y culmina la pérdida de capacidad de concentración y memoria, imposibilita la capacidad para enfrentarse de modo sostenido a una tarea compleja, se rinde de inmediato si se juntan dos conflictos: una visita inoportuna y una tarea burocrática, o un contratiempo con un problema imprevisto o una lectura farragosa con un moco, ... o cualquiera de las múltiples variantes que la vida cotidiana es pródiga en embucharnos. Incluso una sola contrariedad repentina cuando hemos conseguido estar haciendo algo gratificante o que nos importa mucho, puede tumbarnos. Y si intentaras un gran esfuerzo para estar a la altura y ser resolutivo, se te desaturará de oxígeno la sangre y no llegará suficiente al cerebro, la tensión se caerá a los suelos y te dará un síncope de intensidad proporcional a lo cabezota que hayas sido.


Con quienes mantengo correspondencia fluida lo saben bien. Si les contesto 'a vuelta de correo' siempre me dejo algo y la escritura está llena de enormes elipsis. A menudo resulto muy dificil de seguir o doy lugar a malentendidos.
Para cualquier trabajo importante, lo hecho un día necesita un tiempo de reposo antes de ser sometido a una revisión en la que indefectiblemente siempre encuentro olvidos, algo que corregir y algo que completar.
Yendo más lejos, noto una relación entre la respiración escueta que impone el respirador, la verbalización del pensamiento ahora entrecortada al mandado del mismo y por tanto obligado a grandes economías expresivas, la agobiante escasez de tiempo productivo que se dispone al día, la ausencia de manos, y al final, lo que se escribe. Esos textos comprimidos, auténticos destilados que ahora me esfuerzo con correcciones sucesivas en presentar al menos inteligibles, son ajenos a la espontaneidad y el desparpajo, a la elegante fluidez, al método riguroso, y proclives a la simplificación y el tremendismo.

En mi caso se suma al respirador y a los mocos una tensíon baja. El tránsito de la cama a la silla de ruedas, -de tener la cabeza horizontal a ponerla derecha-, sigue siendo muy delicado por la facilidad con que puedo marearme hasta perder el conocimiento. La falta de oxígeno, si se asocia a una bajada de tensión hace que el cerebro sencillamente deje de funcionar y se vaya a los mínimos de inconsciencia. A poco que esta alianza se empeñe en dar guerra puede eliminarme con facilidad; sólo con asomarse en esas tres horas más o menos largas que por la mañana y por la tarde, sentado y activo, podrían dignificar este disparate, me dejan anulado, incapaz de hacer nada y con esa horrible sensación de proximidad a una muerte agónica que conozco bien#.

En mi caso, muy hipotenso, nada más sentarme tardo al menos casi media hora en superar la inevitable bajada de tensión y eso con el respaldo de la silla algo inclinado y con los pies en alto. Añadir que eso ocurre aun tomando la precaución de estar vestido y con el arnés con el que me colgarán de la grua puesto otra media hora, con el respaldo de la cama bien subido. Si pasara directamente de la cama y horizontal a la silla derecho, de no darme un desmayo, estaré todo el tiempo de la silla completamente mareado: así pasé en Toledo casi todas las mañanas y tardes.


#Cuando me da un síncope fuerte es tan repentino que ni me entero ni recuerdo nada aunque por lo que cuentan me quedo tal que si estuviera muerto. Suelo recuperarme a los cinco o diez minutos como salido de un sueño profundo.

Pero si no lo fuera tanto, sólo un medio síncope, noto perfectamente cómo la cabeza se me va yendo hasta quedar en ese estado en que zumban los oidos y vemos un paisaje interior de puntos o líneas luminosas fluctuantes que resaltan sobre un fondo gris oscuro y que no deja de ser aquello de "ver las estrellas". Todo esto podría ser llevadero si no lo acompañara la sensación de que no llega aire suficiente en medio de un profundo mareo. Este estado puede durar hasta media hora y no es nada recomendable. Es en él cuando el sabor de la muerte llena la boca.

Continuará.