sábado, agosto 06, 2005

60 aniversario de la más terrible atrocidad jamás perpetrada

Las bombas de Hiroshima y Nagasaki fueron la culminación
soberbia de la perversión ética que se vino produciendo
desde el inicio de las dos Guerras Mundiales,
una misma guerra con tregua, la lección olvidada de los
frutos de la humillación.
Aquellas bombas atómicas provocaron la inconmensurable
aberración de la Guerra Fria, monstruos como
Truman, Kennedy, Nixon, Stalin, Breznev,
sucesores y adláteres, ahogaron la razón y el humanismo,
la posibilidad de un auténtico socialismo y dejaron
el campo abierto a la depredación sin límites y a los
fundamentalismos ideológicos más radicales sin contar
el permanente riesgo de un incalificable rifi-rafe nuclear
internacional.

Un salto cualitativo sin precedentes en los modos de dominación
politico militar que daría respaldo a la expansión del cancer
del liberalismo económico hasta los excesos del neoliberalismo actual.

Aquellos tres principios democráticos revolucionarios que hace 200 años
parecían iban a inaugurar una nueva abocada a la paz perpetua
política y social han fracasado. La Fraternidad no parece ser deseada por nadie;
de la Igualdad, lo imprescindible; y de la Libertad sola la necesaria
para el beneficio propio